El nuevo presidente de la agencia, nominado por Trump, enfrenta una decisión difícil este miércoles ante la galopante inflación y bajo las presiones del mandatario republicano.
Por Steve Kopack – NBC News
El presidente, Donald Trump, arremetió durante años contra Jerome Powell cuando lideraba la Reserva Federal, presionándolo para que recortara las tasas de interés. Hasta ahora, no se ha enfrentado al nuevo jefe de la agencia, Kevin Warsh, a quien nominó este año para el puesto.
Pero ahora, cuando Warsh lleva menos de cuatro meses en el cargo, las buenas relaciones podrían termiar. Trump ha intensificado sus exigencias de un recorte de tasas, preparando el terreno para un posible enfrentamiento con Warsh. Este miércoles se espera que la agencia eleve las tasas, por pimera vez en tres años.
Warsh se enfrenta a una decisión clave: ¿mantendrá la Fed su tasa de referencia sin cambios una vez más ante la creciente inflación, o la subirá para combatir unos precios persistentemente altos, arriesgándose a enfurecer a Trump?

Kevin Hassett, asesor de Trump y presidente del Consejo Económico Nacional, afirmó que cree que el presidente “tendrá algo que decir al respecto” si la Fed realiza un “movimiento importante” con las tasas. (Hassett fue candidato al puesto en la Fed antes de que Trump eligiera a Warsh).
“El presidente tendrá una opinión al respecto”, declaró Hassett a CNBC el viernes. “Estoy seguro de que considera que hay mucho margen para bajar las tasas de interés, y expresa esa opinión respetando al mismo tiempo la independencia de la Fed”.
La Fed no ha subido las tasas de interés desde 2023, cuando Joe Biden era presidente y la economía lidiaba con una inflación creciente. Sin embargo, el martes las probabilidades del mercado de que se produjera una subida de tasas este miércoles superaban el 90%, tras conocerse que la inflación de agosto se situó en un elevado 3.4% interanual. El objetivo de inflación de la Fed es del 2%.
“Haz lo tuyo”, pide Trump a Warsh
Cuando Warsh asumió el cargo en mayo, Trump dijo que quería que el nuevo presidente del banco central se limitara a centrarse en su trabajo.
“No me mires a mí, no mires a nadie; simplemente haz lo tuyo y realiza un gran trabajo”, dijo Trump en aquel momento. Esto contrastaba marcadamente con los insultos que Trump lanzó contra Powell, a quien él mismo había nominado para presidir la Reserva Federal durante su primer mandato.

Trump no ha insultado a Warsh, pero ha expresado más abiertamente su deseo de que se reduzcan las tasas de interés, lo que vuelve a suscitar dudas sobre la independencia de la Reserva Federal.
“Me encantaría ver tasas de interés más bajas”, declaró Trump en un acto celebrado en la Casa Blanca el 29 de julio. Trump calificó a Warsh de “fantástico”, pero afirmó que la junta de la Reserva Federal era “política” y que “quieren mantener las tasas altas”. Trump volvió a referirse a las tasas el mes pasado al decir: “Realmente nos gustaría ver bajar las tasas de interés”.
Este mes fue aún más allá. “Deberíamos pagar la tasa de interés más baja del mundo”, dijo Trump el 4 de septiembre, después de que el informe del índice de precios al consumidor mostrara que la inflación no se estaba desacelerando. Trump se quejó de que unas tasas más altas encarecían el costo de la deuda para el país. “Deberíamos estar en el 1% o en el medio por ciento”, afirmó. “No deberíamos estar en el 4%”.
Más tarde, Trump continuó en una publicación en redes sociales: “UN PAÍS FUERTE SIGNIFICA UNA TASA DE INTERÉS MÁS BAJA”. La publicación concluía: “Las tasas de interés elevadas colocan a EE. UU. en una desventaja muy injusta, ¡y no permitiré que eso suceda!”.
Una inflación galopante
Varios factores están avivando la inflación.
Los analistas de Deutsche Bank señalaron que los “elementos prospectivos del panorama inflacionario” han empeorado. “Las actas recientes de las reuniones mostraron que el comité se centra en tres fuerzas en particular: la energía, los aranceles/cadenas de suministro y la IA. Al menos dos de estos tres factores apuntan a presiones inflacionarias más elevadas” que las que enfrentaba la Reserva Federal en su reunión de julio sobre fijación de tasas, escribieron los expertos.
Desde entonces, la Administración Trump ha entrado en una guerra comercial potencialmente prolongada con Canadá, que el año pasado fue la segunda mayor fuente de importaciones de Estados Unidos.

Los precios de la energía se han disparado de nuevo, acercándose a máximos históricos. El martes, el petróleo crudo estadounidense tocó los 106 dólares por barril, y el crudo Brent internacional cotizó en torno a los 109 dólares por barril. Los precios de la gasolina se mantienen un 45% por encima de los niveles de febrero, cuando comenzó la guerra con Irán. Los precios del diésel han alcanzado su nivel más alto de la historia, ejerciendo presión sobre los agricultores y camioneros que dependen de este combustible. “El costo del diésel repercute prácticamente en todo”, declaró recientemente a NBC News Diane Swonk, economista jefa de KPMG.
La expansión masiva de los centros de datos para inteligencia artificial ha impulsado el crecimiento económico, al tiempo que ha llevado a algunas cadenas de suministro al límite de su capacidad. Los datos del informe de inflación del viernes mostraron que los precios de programas informáticos, accesorios y artículos relacionados aumentaron un 25.4 % durante el último año, el mayor incremento registrado en esta categoría. Como consecuencia, empresas de tecnología de consumo —desde Apple y Xbox hasta Amazon— han subido algunos de sus precios.
Según economistas como Mark Zandi, de Moody’s, un aumento de las tasas de interés conlleva sus propios riesgos. Por un lado, el mercado laboral se mantiene sólido, aunque no espectacular: la tasa de desempleo se sitúa en el 4.1 %, según los datos de empleo de agosto publicados este mes.
Aunque la inflación es elevada, los efectos de los aranceles de Trump y de las crisis energéticas derivadas de las guerras en Irán y Ucrania deberían disiparse por sí solos, escribió Zandi en LinkedIn. Por tanto, dadas las circunstancias económicas actuales, si el banco central sube las tasas de interés, “tendrá que situar el crecimiento por debajo de su potencial, algo difícil de lograr sin provocar despidos, un aumento del desempleo y el desencadenamiento de un ciclo negativo que se retroalimenta”, señaló.
Las empresas tecnológicas están desembolsando cientos de miles de millones de dólares para adquirir equipos, construir enormes centros de datos y contratar desarrolladores que respalden sus ambiciones en materia de IA, al tiempo que las grandes corporaciones han obtenido importantes beneficios. Sin embargo, el estadounidense medio ha visto cómo el crecimiento de los salarios se desaceleraba hasta una tasa anual del 3.1%, situándose por debajo del ritmo de la inflación.
“El desafío es aún más complejo porque la inversión relacionada con la IA parece estar impulsando la economía, mientras que el sector no vinculado a la IA ya atraviesa dificultades”, afirmó Zandi.