Fallece en Miami la legendaria vedette Rosita Fornés

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La legendaria vedette Rosita Fornés falleció la madrugada de este miércoles 10 de junio en Miami víctima de complicaciones respiratorias. Tenía 97 años.
“Murió tranquila y rodeada de sus seres queridos. Fue una mujer excelente en todo el sentido de la palabra”, dijo a el Nuevo Herald su hija Rosa María Medel, quien se declaró su admiradora incondicional. “Su altruismo y su bondad eran incomparables. Pero lo más importante es que a lo largo de su vida se dedicó a hacer feliz a los demás. Ese fue su gran compromiso cada vez que salía al escenario”.
Considerada una de las figuras más polifacéticas del mundo del espectáculo cubano, la artista nació en Nueva York, el 11 de febrero de 1923. Hija de inmigrantes españoles radicados en la isla, se nacionalizó cubana y desarrolló una versátil carrera que abarcó el cine, el teatro, la radio, la televisión y el cabaré. De su paso por el cine cubano se recuerda su actuación en la comedia Se permuta (1985), cuya versión teatral protagonizó previamente durante una larguísima temporada. En su filmografía también sobresalen Papeles secundariosPlácidoQuiéreme y verás y Las noches de Constantinopla, entre otros títulos.
Rosalía Lourdes Elisa Palet Bonavia, su nombre real, comenzó su carrera en 1938, cuando a los 15 años compitió en La corte suprema del arte, un programa radial de aficionados en el que resultó ganadora con la milonga La hija de Juan Simón. Su debut en el cine se produjo en Una aventura peligrosa, una comedia de Ramón Peón filmada en 1939.

Su carrera alcanzó proyección internacional con actuaciones en España y México, donde formó parte de la Época de Oro del Cine Mexicano con las películas DeseoDel can can al mamboCara sucia y se Acabaron las mujeres, sin contar las coproducciones con Cuba Tintán en La HabanaNo me olvides nunca y Hotel Tropical.

En México, donde llegó de la mano de Mario Moreno “Cantinflas”, en 1943, la artista contrajo matrimonio con el actor mexicano Manuel Medel, padre de Rosa María, su única hija. Tras terminar la relación, la vedette regresó a La Habana, en 1952, donde andando el tiempo se casó con el actor Armando Bianchi, de quien enviudó en 1981.
Junto con Bianchi realizó temporadas en España en el Teatro Cómico de Barcelona, el Teatro Madrid y el Teatro Alcázar entre 1957 y 1959.

Rosita brilló en la televisión cubana tanto en espacios musicales como dramatizados. Entre los más recordados sobresalen Mi esposo favorito, Desfile de la alegría y Teatro ICRT, donde incursionó en obras de todos los géneros. Como soprano lírica, son históricas sus interpretaciones de Ana de Glavary, de la opereta La viuda alegre, y la Duquesa Carolina, de la zarzuela Luisa Fernanda, que estrenó en La Habana con solo 19 años.
En Nueva York, realizó una serie de presentaciones en el Teatro Repertorio Español, en 1996. Y en Miami, participó en el XIV Festival Latinoamericano del Monólogo, en el 2015, con Rosita, mi monólogo interior, una obra de corte biográfico.
En su larguísima carrera la vedette alternó con figuras tan prestigiosas como Ernesto Lecuona, Libertad Lamarque, Sarita Montiel y Alfonso Arau.
En los últimos años Fornés residía entre La Habana y Miami, donde contaba con una legión de admiradores.
En abril del 2019 la artista recibió un gran homenaje por sus ocho décadas de trayectoria en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Durante la función se realizó un recorrido por piezas clave de su repertorio, como El Pichi de la revista musical Las Leandras. También se proyectaron saludos de figuras tan importantes como el compositor cubano Meme Solís, residente en Nueva York y uno de sus amigos entrañables. Su última presentación tuvo lugar en el Miami Dade-County Auditorium, en octubre de ese mismo año, durante la gala por el 60 aniversario artístico de Solís.
“Como toda una estrella de su categoría todo lo hacía bien”, afirmó el maestro, quien recuerda su debut en su programa Desfile de éxitos, en los comienzos de su carrera. “Tuvo el detalle de pedirme que hiciéramos un mano a mano, lo que representó un gran honor para mí, que apenas era un principiante”.

Solís recordó que Rosita siempre incluía la actuación de su cuarteto (Los Meme) en sus espectáculos. Y cuando lo vetaron en los medios por querer irse del país, la vedette “tuvo el valor de seguir cantando sus canciones e imponerlo como director musical de la revista La Fornés tridimensional, donde le estrenó Sin un reproche.
“Rosita jamás me abandonó en los tiempos en que estuve condenado a ser no persona. Viviré agradecido eternamente”, dijo el compositor tras manifestar su disgusto por la conducta de un sector del exilio cubano que repudió las visitas de la vedette a Miami, hace alrededor de dos décadas, por considerarla “comunista”. “Ella se quedó en Cuba por razones familiares, decía que estaba muy mayor para comenzar de nuevo. Pero pocos saben que en la década de 1960 defendió a muchos artistas que estaban perseguidos por diversas causas, y que era una mujer muy católica”.
Es sabido que en los años más oscuros de las persecuciones a los homosexuales en Cuba la artista siempre les abrió sus puertas.
La bailarina Sonia Calero recuerda a Rosita como una mujer encantadora, buena compañera y muy laboriosa. “Era una gran artista, una gran madre y muy buena esposa. Siempre estuvo enamorada de Bianchi”, dijo Calero, quien perdió la cuenta de las veces que compartieron espacios de televisión, teatros y shows de cabarés. “Tuve la dicha de alternar con ella en uno de mis últimos trabajos en Cuba, en el Teatro Sauto de Matanzas, allá por los años 80. Esa misma alegría la sentí tiempo después, aquí en Miami, cuando coincidimos en el elenco de la gala de Meme Solís. Nunca la vi enfadada. Siempre tenía una sonrisa en los labios”.

Para Irene López, la amiga “de toda la vida” que la cuidó durante los meses en que estuvo enferma, la artista fue un aliciente para los jóvenes cubanos de hace poco más de medio siglo.

“Rosita fue la única ventana a la normalidad que nos dio acceso a las cosas bellas de un mundo que había desaparecido en Cuba. Mientras el país se derrumbaba y la gente se desmoralizaba, ella seguía bajando la escalera del (teatro) García Lorca con su abanico de plumas, de La viuda alegre, sin perder su clase ni su buen decir”, destacó López. “En lo personal era una mujer de buenos sentimientos que nunca le guardó rencor a nadie. Era una gran devota de la Virgen de la Caridad.
Además de su hija, sus dos nietos y cuatro bisnietos, a Fornés le sobreviven sus dos hermanos.