LA MIRADA DEL CORRESPONSAL

Operación Puente de Londres: los planes secretos para cuando fallezca la reina Isabel II

“Ha bajado el puente [levadizo] de Londres”… Cuando el “premier” Boris Johnson escuche la consigna, en boca de un emisario real, entenderá que ha llegado el momento temido por la inmensa mayoría de los británicos, que no darán crédito a los ojos ni a los oídos cuando los telediarios anuncien lo inevitable cuando llegue el momento: “Ha muerto la reina”.

Una filtración al portal ‘Politico’ ha anticipado cómo serán los preparativos de la hasta ahora secretísima “Operación Puente de Londres”, puesta al día para la era de Internet. La operación incluye el “apagón” temporal en redes sociales de todas las cuentas de familia real (que se teñirían de negro con un escueto anuncio sobre lo ocurrido), los diez días de luto, las banderas a media asta y la exhibición del féretro en el Palacio de Westminster. Allí estaría durante tres días para que sus compatriotas acudan a dar la despedida, antes de ser enterrada en la cripta del Castillo de Windsor, junto a la tumba de su esposo Felipe de Edimburgo.

El Palacio de Buckingham no ha respondido oficialmente a la filtración. La reina, por su parte, lleva su vida de viuda en el castillo de Windsor, a sus 95 años y con un agenda bastante más agitada de lo que se presumía tras la muerte de Felipe de Edimburgo, con sus trajes cada día más floreados y sin la mínima indicación de fragilidad en su salud de hierro.

Los expertos reales, como Angela Levin, han criticado entre tanto la filtración como un ejemplo de mal gusto: “Es horrible y cruel hacer públicos los planes secretos sobre la muerte de la reina. ¿Dónde está nuestra moral?”.

Pero los británicos parecen más entretenidos que indignados con los escrupulosos detalles -con toda la pompa y rigor del protocolo inglés- que han circulado en las últimas horas, incluidos los planes paralelos para el relevo del príncipe Carlos en la así llamada “Operación Marea de Primavera”.

El primero en conocer la “bajada” del Puente de Londres, fuera del entorno de Buckingham, sería pues el primer ministro en una breve llamada telefónica. Habría después una “llamada en cascada” a todos los ministros del Gabinete, a los miembros del Consejo Privado de la reina y a los máximos responsables de las Fuerzas Armadas, que darían órdenes para las salvas de honor en todo el país a las pocas horas a lo largo del “Día D”.

Las llamadas puntuales a los ministros repetirían escuetamente este mensaje: “Acabamos de ser informados de la muerte de Su Majestad la Reina. Se ruega discreción”. Poco después se enviaría un email a todos los ministros y funcionarios políticos con un contenido parecido: “Queridos colegas. Con gran tristeza les escribo para informar de la muerte de Su Majestad a Reina”.

El aspecto más llamativo sería el apagón temporal del portal de la familia real y de la cuentas reales en Twitter, Facebook e Instagram. Un lacónico comunicado confirmando la muerte de la reina permanecería durante varios días sobre fondo negro. Todos los contenidos no urgentes y los ‘retweets’ estarían prohibidos, a no ser que el jefe de comunicaciones del Gobierno estipulara lo contrario.

La notificación oficial a los medios llegaría a través de la Press Association, el “premier” hablaría desde Downing Street y el príncipe Carlos se dirigiría a la nación en el primer telediario a las seis de la tarde, horas antes de ser proclamado como nuevo rey al día siguiente por el así llamado Consejo de Ascensión al trono. Todos los miembros del consejo deberían vestir de riguroso negro y no podrían lucir medallas ni condecoración.

Tras la proclamación del nuevo monarca, el Parlamento se reuniría en sesión especial al mediodía para rendir honores. A las 3:30 horas de la tarde del día después, el “premier” acudiría con todo su gabinete a Buckingham para mantener una audiencia con el rey Carlos. Estaría rigurosamente prohibido llevar a las esposas o esposos.

La Operación Puente de Londres incluye también durante las primeras horas la celebración de un acto de homenaje en la catedral de St. Paul que estaría presidido por el primer ministro y que curiosamente debería parecer “espontáneo”, según los documentos filtrados por ‘Politico’.

Independientemente de donde se produjera la muerte (la reina se ha trasladado con todo su séquito al Castillo de Windsor desde el inicio de la pandemia), el cuerpo de Isabel II reposaría temporalmente el segundo día en el Salón del Trono del Palacio de Buckingham, que haría las veces de capilla ardiente.

Al tercer día, el rey Carlos iniciaría una gira por el Reino Unido que le llevaría hasta su querida Escocia, Gales e Irlanda del Norte. El quinto día estaría especialmente marcado en el calendario para el traslado de los restos mortales al Palacio de Westminster, sede del Parlamento y actualmente en obras.

El féretro estaría allí del sexto al noveno día, recibiendo la visita de miles de británicos durante 23 horas al día (con 60 minutos de intervalo para limpieza y mantenimiento). El décimo día estaría finalmente reservado para el funeral en la Abadía de Westminster, seguido por el entierro en el castillo de Windsor.

En contraste con la Operación Puente de Forth, adaptada a las restricciones del Covid tras la muerte del príncipe de Edimburgo, la Operación Puente de Londres no incluye aparentemente una referencia a la pandemia. La previsión deja paso esta vez a la esperanza compartida por millones de británicos. ¡Larga vida a la reina! https://www.elmundo.es/internacional