La pandemia americana

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Una mujer participa en una protesta en una protesta en Santiago de Chile. / MARTIN BERNETTI/AFP

Las protestas se contagian como un virus por Chile, Ecuador, Bolivia, Argentina… Los ciudadanos de la región se rebelan contra la desigualdad y unos políticos ineficaces

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

En Chile el detonante que hizo estallar las protestas fue el aumento del precio del billete de metro. En Ecuador, la supresión de los subsidios a los combustibles. En Bolivia, las sospechas de fraude electoral. En Haití, la escasez de alimentos y gasolina. En una región poblada por 620 millones de habitantes y compuesta por una veintena de países, es difícil encontrar patrones comunes que expliquen el malestar social que impregna América Latina. El desencanto de los ciudadanos ha colmado las calles de algaradas imprevistas que emanan de varias causas, pero que tienen un hilo conductor que se repite: el hartazgo ante unas élites políticas que no saben dar respuesta al incremento de la desigualdad.

El subcontinente, la región del mundo con más inequidad, encadena crisis tras crisis sin hallar salida al laberinto y arde en el descontento. A la convulsión que asola a Venezuela y Nicaragua se van sumando un país tras otro. Lo de Chile, más que una crisis, está siendo una insurrección en toda regla. Sin llegar a ese grado de amotinamiento, Brasil, Colombia y Perú no viven precisamente en una modorra plácida.

Partidarios de Evo Morales se manifiestan contra las acusaciones de fraude electoral.
Partidarios de Evo Morales se manifiestan contra las acusaciones de fraude electoral. / KAI PFAFFENBACH/REUTERS

En este paisaje incierto surge un factor de preocupación. La diáspora, antes exclusiva de centroamericanos y mexicanos que se desplazaban a EE UU, ahora se extiende también a la Venezuela de Nicolás Maduro, de donde han huido ya 4,5 millones de personas. «Puede ser un factor de desestabilización. Por fortuna, ha prevalecido la comprensión. Colombia, principal destino de los migrantes venezolanos, tiene una política de puertas abiertas, pese a lo limitado de los recursos públicos. Es verdad que Perú y Ecuador comienzan a poner algunas trabas. Pero hay muchas diferencias entre la política de Latinoamérica con relación a la migración venezolana, de un lado, y la europea con respecto a los refugiados sirios, de otro», destaca Carlos Malamud, investigador sobre América Latina del Real Instituto Elcano.

Si la crisis de 2008 fue devastadora en Europa, Latinoamérica salió entonces indemne de la embestida. Ahora eso no ocurre. La previsión de crecimiento se ha visto recortada hasta un 0,2%, una cifra raquítica que obedece sobre todo a la desaceleración en Brasil y México.

Latinoamérica convulsa

Reguero de crisis
Cada país es diferente, pero hay un denominador común para explicar la crisis: la desigualdad y las graves dificultades económicas en un contexto de desaceleración. Chile, Ecuador y Bolivia son algunos exponentes de países en conflicto, pero también Perú, donde Martín Vizcarra ordenó la disolución del Congreso, o Haití, donde las protestas casi derriban a un presidente. Venezuela está sumida en el colapso desde hace tiempo, lo que ha motivado un éxodo masivo de 4,5 millones de personas. Argentina está atrapada por un crédito del FMI de 57.000 millones de dólares. El descontento en Brasil aupó al poder al ultraderechista Jair Bolsonaro. México es un Estado fallido por culpa del narcotráfico.
0,2%.
Es el parco crecimiento que augura el FMI para este año en América Latina y el Caribe, sumidos en la incertidumbre. El exiguo porcentaje contrasta con la cifra del 5,9% que se prevé crecerá Asia y el 3,2% de África.
Los ‘Chicago boys’ de Chile.
El modelo económico chileno es producto del régimen militar de Augusto Pinochet, quien quedó seducido por las recetas privatizadora de los ‘Chicago boys’, dirigentes educados en las teorías del Premio Nobel Milton Friedman. Servicios básicos como la luz y el agua potable pasaron a manos privadas, al tiempo que se impuso una fuerte privatización de la sanidad, la educación y las pensiones. La apuesta fue refrendada por el éxito de los datos macroeconómicos. Pero el precio a pagar es la desigualdad. Así, el 50% de los hogares de menores ingresos accede solo al 2,1% de la riqueza neta del país.
200
dólares al mes es la cantidad máxima que puede adquirir un argentino. La medida, adoptada por el Banco Central tras las elecciones, trata de estabilizar la cotización del peso y evitar las maniobras especulativas. El peronista Alberto Fernández, recién elegido, apuesta por una rebaja de los tipos de interés para alentar el consumo y el crédito.

El descrédito de los políticos se alía con la corrupción rampante, la ineficiencia estatal y la degradación de los servicios públicos. Todos estos ingredientes se conjuran para crear una situación explosiva. Escandalosa resulta la insensibilidad de unos dirigentes que piden sacrificios mientras ellos se solazan en una vida regalada. El ministro de Economía de Chile, Juan Andrés Fontaine, se mofó de las quejas ciudadanas ante la subida del precio del metro y sugirió con sarcasmo a los descontentos que madrugaran con el fin de pagar tarifas más baratas. Es lo que se conoce como el síndrome de María Antonieta. Cuando a la esposa de Luis XVI le informaron de las hambrunas que asolaban Francia y del sufrimiento de los campesinos por la falta de pan, dijo: «Que coman pasteles». La cita es casi con toda seguridad falsa, pero ilustra a la perfección la ceguera en que viven a veces los gobernantes. Al final Fontaine pidió perdón, como lo hizo también el presidente Sebastián Piñera. Mientras las calles de Santiago ardían en tumultos callejeros, el mandatario, uno de los hombres más ricos del país, abandonó el Palacio de La Moneda y se fue a comer una pizza a un barrio acomodado para celebrar el cumpleaños de su nieto.

De declarar la guerra a los contestatarios, Piñera se ha visto obligado a remodelar su gabinete para rebajar la ira. Ha levantado el estado de excepción y revocado las medidas que encarecían el viaje en el suburbano. Al menos 20 personas han muerto y más de mil han resultado heridas en los disturbios. Atrás queda una manifestación histórica, la celebrada el viernes en Santiago, que congregó a 1,2 millones de descontentos.

Gobernar para unos pocos

La desconfianza de los latinoamericanos hacia una democracia que les está defraudando por su inoperancia es patente. A la luz del último Latinobarómetro publicado, un 75% de los encuestados piensan que los gobiernos no defienden los intereses de la mayoría y que gobiernan para unos pocos. «Cada año va bajando la valoración de la calidad de la democracia, no de ella como sistema. Además, la afección a la clase política está en niveles bajísimos. Es fruto de una falta de respuesta de las instituciones a las demandas de la población, al tiempo que persiste el sentimiento de que el peso del ajuste lo están pagando las clases medias», dice Anna Ayuso, investigadora del Centro para Asuntos Internacionales de Barcelona (Cidob, por sus siglas en inglés).

El descreimiento de los ciudadanos para con sus élites políticas ha sido palpable en los recientes comicios locales y regionales de Colombia. El número de papeletas en blanco fue tan abultado que en algunos departamentos en que ganaron los partidos tradicionales esa opción resultó segunda o tercera.

Ecuatorianos que protestan por la supresión de los subsidios a los combustibles se protegen en Quito de los gases lacrimógenos.
Ecuatorianos que protestan por la supresión de los subsidios a los combustibles se protegen en Quito de los gases lacrimógenos. / AFP

Pese a que el Fondo Monetario Internacional (FMI) quiere disipar en el subcontinente su leyenda de ogro, lo cierto es que están renaciendo las suspicacias en su contra, si es que alguna vez se habían ido. «Parece que el FMI no aprende. Lo increíble es que sus recetas están deteriorando o haciendo caer a los gobiernos de derechas. A los ejecutivos que trataban de reconducir la política económica a modelos más ortodoxos, el FMI les pide que adopten unas medidas que la población no puede asumir. Hace poco estábamos hablando del giro a la derecha de Latinoamérica, pero los efectos a medio plazo se traducen en un resurgir de la izquierda», apunta Ayuso.

En efecto, el neoliberal Mauricio Macri ha perdido las elecciones en Argentina frente al peronista Alberto Fernández, cuya victoria responde tanto a méritos propios como a la gestión desastrosa de su antecesor, aunque la economía ya estaba agrietada con Cristina Fernández de Kirchner. Por unos y otros, Argentina roza ya el 55% de inflación y un 35% de pobreza. El caso del liberal Macri -también de Piñera- contradice el mito de que un empresario de éxito es la mejor forma de sacar del atolladero a un país.

Una mujer se pinta en un barrio pobre de Buenos Aires.
Una mujer se pinta en un barrio pobre de Buenos Aires. / REUTERS

Ahora Alberto Fernández tendrá que remontar los negros augurios del FMI, que predice un desplome del PIB del orden del 3,1% cuando acabe el año, y renegociar con esa organización las condiciones de un préstamo por valor de 57.000 millones de dólares.

El presidente ecuatoriano Lenin Moreno se ha encontrado con que aplicar la disciplina fiscal produce sublevaciones. Moreno no hizo sino actuar en coherencia con el programa de ajuste exigido por el FMI dirigido por Kristalina Georgieva, sucesora de Christine Lagarde. En Ecuador no han sido las clases medias las que se han rebelado, sino unas comunidades indígenas empobrecidas a las que se les pedían severos sacrificios para reducir la abultada deuda, herencia del anterior presidente, Rafael Correa.

«La afección hacia los políticos es muy baja. El ajuste lo paga la clase media»ANNA AYUSO (INVESTIGADORA DEL CIDOB)

En todo caso, el hervidero latinoamericano no se entiende sin el efecto contagio de los ‘chalecos amarillos’ de Francia, la desobediencia civil de Hong Kong o, más recientemente, las protestas del Líbano. Por de pronto, el enfrentamiento en la calle ha dado sus frutos, pues los gobiernos ecuatoriano y chileno han reculado ante la furia popular. Solo Argentina ha encauzado su malestar a través de las urnas.

Desde Río Grande a Tierra de Fuego, cunde la percepción de que la corrupción es un quiste imposible de extirpar. A su vez, las expectativas de antaño de participar en la senda del desarrollo económico se han desvanecido con la bajada abrupta del precio de las materias primas. Hubo un tiempo feliz en el que China compraba cantidades ingentes de soja y carne de vacuno a Argentina, cobre a Chile y Perú, hierro a Brasil y petróleo a Venezuela. Todo eso se esfumó. «Las políticas sociales que se iniciaron con el auge económico propiciado por las exportaciones a China no se han podido mantener. Ecuador se endeudó muy malamente con China en obras que no tenían ninguna sostenibilidad financiera», asegura Erika Rodríguez, coordinadora del panel de América Latina de la Fundación Alternativas.

«La política social que se inició con las exportaciones a China no se ha mantenido»ERIKA RODRÍGUEZ (FUNDACIÓN ALTERNATIVAS)

Rodríguez desconfía de las tesis que apuntan a que Rusia y China están azuzando el clima de inestabilidad aprovechando la política errática de la Administración Trump en la región: «El factor conspiratorio en la ecuación es innecesario. Ya estaban todas las características para que se produjeran las movilizaciones en países muy diferentes. China no tiene ese interés político, es verdad que ha entrado a lo bestia con sus inversiones en un momento en que EE UU pone restricciones, pero no veo que todo eso la beneficie. Y en cuanto a Rusia, tampoco veo que tenga un interés geopolítico en alentar unas protestas que no se sabe muy bien hacia dónde van».

Débil Estado del bienestar

Para la experta, las llamaradas que están prendiendo en la zona tienen más que ver con la debilidad de un Estado del bienestar incapaz de atajar la dureza de las reformas que se están acometiendo.

«El éxodo masivo de venezolanos a otros países puede ser desestabilizador»CARLOS MALAMUD (REAL INSTITUTO ELCANO)

Y en medio de esta zozobra, Evo Morales afronta las acusaciones de fraude de la oposición. Después de un controvertido escrutinio, el Tribunal Supremo Electoral ha proclamado a Morales vencedor, pese a que el recuento fue sorpresivamente suspendido durante ocho horas. Carlos Malamud cree que las sospechas de pucherazo tienen visos de verosimilitud. «Así lo dicen las misiones electorales de la Organización de Estados Americanos y la UE. El elevado precio de las materias primas permitió sacar a mucha gente de la pobreza que se incorporó a las clases medias. Ahora parte de esas mismas clases medias ha decidido que el tiempo de vigencia de Evo Morales ha caducado», subraya el experto.