Trump regresa a la contienda electoral tras un hondo desplome en las encuestas

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Un juez federal le impide al presidente secuestrar el controvertido libro de su exconsejero de Seguridad Nacional
Sin esperar a que las autoridades sanitarias recomienden levantar todas las restricciones por la pandemia de coronavirus, Donald Trump ha regresado ya a su hábitat natural, los actos de campaña. Se había visto obligado a suspenderlos desde el 2 de marzo, por las excepcionales medidas de seguridad para prevenir contagios masivos, pero la cuenta atrás para las elecciones del 3 de noviembre ya ha comenzado, y el presidente tiene que recuperar terreno perdido en las encuestas frente al demócrata Joe Biden.
La reciente ola de protestas raciales, derribos de estatuas, disturbios y saqueos le ha brindado a Trump la oportunidad de presentarse como un candidato de ley y orden, alguien que defiende los intereses de una gran mayoría de votantes silenciosos que lo que quieren es paz y prosperidad. «La mayoría silenciosa es más fuerte que nunca», ha repetido el presidente en su medio de comunicación predilecto, la red social Twitter, en los pasados días.
Este mitin le permite al presidente resarcirse tras una semana plagada de problemas. Un juzgado le denegó ayer la petición de secuestrar el polémico libro de memorias de su ex consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, repleto de escandalosas revelaciones. Un fiscal de Nueva York que investiga supuestos casos de corrupción de varios allegados suyos se negó a dimitir ayer. Y la Corte Suprema le tumbó esta semana una de sus principales restricciones de la inmigración, la deportación de jóvenes que llegaron ilegalmente al país de niños.
Trump sentía la necesidad de volver a sus multitudinarios actos de campaña -el de ayer en Tulsa, Oklahoma, era en un centro de congresos con aforo de 19.000 personas- después de unas semanas en que la Casa Blanca quedó rodeada de una valla de seguridad para prevenir disturbios, y de que su propio Gobierno filtrara a los medios estadounidenses la información de que había sido llevado al búnker subterráneo durante una noche en que los manifestantes rodearon su residencia en Washington. «Sólo fui a inspeccionarlo», dijo después a los periodistas.
El regreso de Trump a la campaña ha sido un éxito de público, a tenor de la información de su propio equipo electoral, que afirma que más de un millón de personas pidió entradas. Eso, a pesar de que la propia campaña les obligaba a firmar un documento en que renuncian a emprender acciones legales si contraen el coronavirus. Tulsa tiene una población de 400.000 personas, y las autoridades de esa ciudad esperaban que unas 100.000 personas, entre partidarios y críticos del presidente se dieran ayer cita ante el lugar de su mitin.
La elección del lugar tiene una gran carga racial, pues es allí donde en 1921 se produjo el peor linchamiento masivo de personas de raza negra de la historia, con hasta 300 muertos. Además, en un principio el mitin iba a tener lugar el viernes, día en que se conmemora el final de la esclavitud, pero Trump aceptó aplazarlo un día por las protestas de varios líderes afroamericanos.
La gestión de la pandemia -8,6 millones de contagios, 460.000 muertos- le ha costado a Trump un desplome en los índices de popularidad. En la media de sondeos que realiza Real Clear Politics, su contrincante, el demócrata Biden, le saca casi nueve puntos en intención de voto, con un 50,1%.
Bueno, si Trump baila, ¿por qué yo no?: Amarra la Negra,
con el fuiche encendío…
Tampoco es que las encuestas sean un indicador fiable, dado su gran fracaso en las anteriores elecciones presidenciales.
Como hizo en 2016, Trump se presenta ahora como el mejor amigo del americano medio y el peor enemigo de la corrección política. Así opina Matt Schlapp, que es presidente de la Unión Conservadora de América, que organiza el mayor congreso de votantes republicanos del país: «Va a haber mucho voto en contra de este cáncer de la corrección política, que emana de los medios de comunicación, las redes sociales y todas las instituciones elitistas, incluida la Corte Suprema».
Lo cierto es que a pesar de los reveses sufridos por Trump, a dos de los nueve jueces del Supremo los ha nombrado él mismo. Y en teoría la Corte es de mayoría conservadora, a pesar de que ha salvado la reforma sanitaria y migratoria de Obama y ha ampliado los derechos civiles a homosexuales y transexuales, entre otras decisiones que no casan precisamente con el ideario republicano clásico.