El primer ministro de Canadá, Mark Carney (izquierda), y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, participan en una reunión en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia, el 16 de septiembre de 2026. (Justin Tang/The Canadian Press via A

BRUSELAS (AP) — Al abrir la puerta esta semana a que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, le ofreció al primer ministro Mark Carney una esperanza, pero también una ilusión.
Hay muchas formas de dar pasos hacia la adhesión al mayor bloque comercial del mundo, o de estrechar los lazos comerciales o políticos con Bruselas, pero la membresía asociada no es una de ellas. Simplemente no existe.
Aun así, por vaga que fuera, la oferta de von der Leyen fue una victoria para Carney, que está enfrascado en una guerra comercial con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Además, ofrece a la UE una asociación sólida con otra democracia occidental en un momento en que sus propios lazos con Washington y la confianza en su viejo aliado se debilitan.
“En este nuevo mundo, debemos replantearnos urgentemente nuestras alianzas”, manifestó von der Leyen el miércoles. Y eso fue exactamente lo que hizo al decirle a Carney: “Me gustaría trabajar con usted para abrir la puerta a que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE”.
¿Quiso decir Acuerdo de Asociación?
Aunque la “membresía asociada” está por definir, los Acuerdos de Asociación sí existen. Más de 20 países —desde Albania hasta Israel o Ucrania— ya tienen uno con el bloque.
Estos tratados rigen las relaciones en materia de comercio y seguridad y se consideran un paso importante hacia la adhesión. No está claro en qué se diferenciaría la propuesta de von der Leyen de una membresía asociada, ni si Canadá tendría que aceptar primero un tratado de ese tipo.